Un réquiem para Pallasca?

¡Eduviges, Gumersinda, Críspula o como te llamen, mujer del nombre infeliz que te puso el almanaque…..!

Este es el comienzo del poema “Romance a la madre campesina”, de Héctor G. Villalobos, y hoy, al leer el artículo sobre el nombre de la tierra donde están las raíces de mis abuelos paternos, pretendiendo emular al poeta, también comienzo:Apollacta, Pallatska, Balcón del cielo, o cómo te llamen, tu nombre no es infeliz ni te puso el almanaque, sino hombres vestidos de coraje que supieron dominar esa tierra y conocer la belleza que en ella palpita.

¿De qué vale cómo te nombren ahora, si tus hijos te han abandonado como si desearan que seas merecedora del nombre infeliz, de Villalobos? ¿Qué importa el nombre que te den, cuando ellos sólo se acuerdan de ti, dos semanas de cada año para hacerte escenario de fiestas que son una mezcla de religión y paganismo, y un día para ir a regalar juguetes en Navidad, que es el modo como honorables damas pallasquinas demuestran al mundo su irrenunciable vocación caritativa? ¿Qué importa cómo te llamen si tu nombre sólo sirve para celebrar un fin de semana al año, fiestas patronales, en Lima y otras ciudades? ¿Dónde están o qué hacen por ti el resto del año, los irredentos fiesteros que dicen ser tus hijos y que te aman entrañablemente?

Pallasca, Apollacta, Pallatska, o cómo te llamen ¿acaso te sirve de algo cualquiera de esos nombres, cuando tus hijos sólo lo utilizan para decir, desde la lejanía, que te tienen cariño, sentimiento que lo plasman en frases floridas, en libros y poemas románticos o épicos, y te componen canciones con frases amorosas, plenas de recuerdos y añoranzas? ¿De qué te vale todo ese amor telúrico virtual, si ahora han dejado perder la gloria que otrora te cobijara?

Porque Pallasca (así la llamaré siempre) vivió momentos cumbres, porque tuvo hijos “cumbres” que supieron amarla de verdad y lucharon por ella.

Y era entonces cuando el nombre de Pallasca se escribía con P de Perú, P de Patria y P de palpitante. Pero todo eso quedó atrás, ¿hoy nos toca escribirlo con la P del esplendor Perdido, P del pasado, P de palonería y P de la permisividad que la dejó en las garras del abandono y la corrupción?

Qué edificante fue disfrutar de la otrora ciudad alegre y festiva, del afecto de caballeros hospitalarios, corteses y elegantes, cuyas tertulias tenían matices de sabiduría, no exentas del agudo y comedido buen humor y sarcasmo, y cuando veíamos pasear por sus accidentadas calles y su centenaria plaza, a elegantes damas que, cual la Flor de la Canela, derramaban lisura y llenaban el ambiente con sutil vanidad y etéreo glamor, que hacían resaltar su gracia y venustez, acelerando corazones varoniles y despertando algún mal disimulado deseo impúdico.
Y no era porque los pallasquinos fueran mejores que los pobladores de otras tierras, sino porque ellos estaban conscientes de los valores que gravitan en la dignidad y grandeza de un pueblo.

Hoy, todo ello sirve para avivar la nostalgia, pues Pallasca va camino a la parvulez, es un remedo de ciudad, a pesar de esa joya arquitectónica que es su iglesia, de su atractiva plaza y de su paradisíaco entorno.

Pallasca, Apollacta, Pallatska o como te llamen, la indolencia con la que esos tus hijos que tanto te “aman” te han victimizado, jamás la podrán ocultar o disimular, porque el resplandor del parhelio que ilumina a ese inconmensurable horizonte que te dio el infinito, llevará a los ojos del mundo, un ejemplo de lo fácil que es sumir en el abandono y la desidia, al propio terruño.

No pierdo las esperanzas de que Pallasca, llámenla como la llamen, recupere su P de patria y su P de Perú, y entonces, Bernardo Rafael Álvarez, aeda pallasquino, la enaltecerá con la P de un hermoso y glorioso Poema.

Espero no haber herido la susceptibilidad de alguien, y si es así, ruego me privilegien con la P del Perdón. (Texto: Alfonso Aguilar “Fonsho”)

UD. que opina?

UA-51313486-1