Después de las elecciones, ¿qué?

No ha sido fácil, todo indicaba hace dos semanas que keiko Fujimori iba a ocupar el Palacio de Gobierno y su entorno poblado de vínculos con el narcotráfico y adoradores de una de las décadas más nefastas que hemos vivido serían los nuevos ministros. Estabamos a punto de devolverles nuestras instituciones, débiles y precarias pero nuestras al fin, a un clan que normalizó la corrupción y la falta de principios.

Sin embargo, el transcurso de los dias nos obliga a pasar de la alegría a una reflexión profunda y sincera sobre lo que ha expresado esta última contienda electoral. Según el reporte de la ONPE al 100% el fujimorismo ha perdido por 42,597 votos, apenas 0.24% de diferencia. Obviamente, este resultado apretado no hace menos la victoria, ni le quita heroísmo a la gesta de las últimas semanas.

Pero nos arroja la realidad de un electorado casi mayoritario que no cuestiona su voto por variables que deberían ser motivo de rechazo y de indignación. Es decir a un 49.87% de la población no le parece que los vínculos bastante evidentes y difundidos con el tráfico ilícito de drogas de personajes muy cercanos a la candidata fujimorista sean razón para no darle su voto. Tampoco lo es que hasta hoy esta misma candidata no pueda explicar honesta y transparentemente de dónde sacó la cantidad de dinero gastado en su educación, que excede el millón de dólares. Menos aún es motivo de no elegirla, que Keiko Fujimori sea la continuidad histórica de un gobierno dictatorial, absolutamente autoritario, y que en esa línea siga llamando “errores” a los delitos de sus padre.

La democracia peruana como valor o forma de vida, se presenta insuficientemente, inútil, poco añorable para el electorado peruano. Pero entonces ¿qué es lo crucial para que la gente decida su voto? Yo creo que devolverle la posibilidad de hacer la vida menos dura, esto puede ser una carretera, un colegio público, agua y desague esperado mpor décadas; eso que cierta intelectualidad de izquierda llama populismo. Devolverles la política como un servicio que les eleva la calidad de vida. Eso en nuestro sistema merece el discurso de grandes cambios como el que tenía Humala en el 2006 o 2011, como el que llevó a Verónika a ser la tercera fuerza, como el que intenta el fujimorismo desde su lógica derechista más recalcitrante.

Necesitamos recuperar la mayoría política y electoral que tuvimos en el 2011, los principios y la autoridad moral los tenemos, falta lograr empatizar con las necesidades más concretas e injustificadamente insatisfechas de la población. No podemos volver a tener una segunda vuelta entre dos representantes del modelo económico y vernos nuevamente obligados a votar por el menos impresentable. Es impresindible ser opción de gobierno en el 2011. Es impresindible ganar. (TEXTO: Lucía Alvites)

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