Ancash, la pachamama y el cambio climático.

Un recorrido por la sierra central del Perú, en el que se mezclan paisajes de verdor, cordilleras, calentamiento global, gente cálida y deliciosa gastronomía.

Me acuerdo bien de mi primera vez en Ancash, esto fue en 2015 cuando aún estaba de mochilera, grabando un documental sobre la medicina alternativa en un lejano país llamado Perú. Mi primera etapa después Lima fue pasar del nivel del océano a los 5000 metros solamente en 14 horas, después de un viaje nocturno en bus. “Es perfecto para aclimatarse”, dijo ingenuamente la guía que en el siguiente día hubiera llevado a mi amiga y a mí al trekking de 4 días llamado Santa Cruz. Aunque masticando hojas de coca, tomando mate de coca, comiendo pan de piso por la energía y caramelos de coca, la altura nos chocó tan fuerte que nos dejó mal de la cabeza y con frío toda la noche.

Es 2016 y me encuentro en la misma ciudad con un viaje de prensa, en una Van parecida con un guía dándonos la bienvenida en “La ruta del cambio climático”. No tengan miedo si le ofrecerán pasear en lo que queda del glaciar Pastoruri, ni al ver el letrero que indica hasta dónde llegaba el hielo en 2015 (casi 1 km atrás de hoy), ni en descubrir que en 25 anos desaparecerá. Este nevado preserva su encanto, en la dificultad de llegar a sus costados por el mal de altura y los labios violetos.

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Atravesar el túnel trasandino más alto del territorio peruano, 4738 metros sobre el nivel del mar, es solo uno de los varios atractivos que desfilan en el Callejón de Huaylas, en quechua “zona de verdor”, por estar rodeado de las cordilleras negra y blanca. A los lados de la carretera, los sombreros típicos distinguen por tamaño de copa, los distritos de origen de los pobladores (solteras si damas con cinta rosada, caballeros enamorados y solteros según chalina blancas o si llevando el sombrero con inclinación, mientras viudas con cinta color negra).

Sugestivo y imperdible el recorrido clásico de la visita a Recuay (Pórtico del Callejón de Huaylas), Ticapampa, Cátac, la Quebrada de Pachacoto, la Laguna de Patococha, el manantial de aguas gasificadas de Pumapampa, los rodales de Puya Raimondi (el más bello exponente de flora alto andina), el manantial de Pumapashimin que toma diferentes colores según la posición del sol, la pintura rupestre Ticapampa, Catac, la Quebrada Pachacoto, las Aguas Gasificadas, la Puya Raimondi antes de llegar al nevado Pastoruri. Imposible no fijarse en el camino en la producción de cerámicas, en las construcciones típicas de adobe que garantizan una climatización natural y en las afligidas zonas de tierra árida y amarilla dejadas por las minerías de oro. Ideal para descansar antes de regresar a la ciudad, los baños termales de Monterrey (15 minutos de Huaraz, entrada 1,5 soles) o de Chancos (35 minutos de Huaraz, entrada 5 soles).

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La visita al sitio arqueológico de Chavín de Huántar puede ser un alternativa a los paseos de alta montana. Las 2 horas que se necesitan por llegar desde Huaraz son espectaculares, como la parada a la turquesa laguna Querococha a 4069 metros de altura. Mientras subiendo la trocha se percibirá en la Quebrada Conde una falla geológica del mapa del Perú y formación natural en roca de figuras como Dumbo, pavo real, dinosaurios, simios y perfil de Cristo. Con solo 10 soles se puede apreciar la magnificencia y majestuosidad de Chavín en todo su esplendor y misterio.

Inolvidables la galería del lanzón, el pórtico de falcónidas, la plaza cuadrada y la cabeza clava sobretodo si tienen la suerte de encontrar y escuchar el famoso arqueólogo norteamericano John Rick casado no solo con la directora peruana del sitio sino con las excavaciones y los grandes y constantes descubrimientos de su equipo como la extensión de los canales subterráneos de aguas tapados por 3000 años. “Por 20 años”, afirma John Rick, “estuvimos cada día caminando encima de docenas de canales”.

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La magia se enciende aún mas ingresando el parque y la biosfera del Huascarán por la Quebrada de Llanganuco, un desfiladero de alta montaña, conformado por las dos lagunas enlazadas: Orconcocha y Chinancocha, flanqueadas por los montes nevados Huascarán, Huandoy, Pishqo, Chacraraju, Yanapaccha y Chopicallqui (Cordillera Blanca), el sendero de María Josefa y la Quebrada Demanda. El 23 % de masa glacial perdida pasando de los 765 a los 715 nevados de hoy, explica en parte las lluvias y nubes que nos acompañan en una temporada que tendría que ser la temporada seca. A lo lejos suena el huayno huaracino bailado por los danzantes de chuscada y acordándonos de la mítica figura de su impulsora, la Pastorita Huaracina.  (TEXTOS y FOTOS: Verónica Lanza)

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