Recordando a un gran líder: Vidal Aguilar Bardales.

Pocas veces un pueblo se vuelca a las calles para dar el último adiós a un hombre y es que los conchucanos despidieron a uno de los suyos, un hombre que se identificó con todos los poros de su piel con su pueblo, su comunidad.

Vidal Aguilar Bardales (02.09.1922 – 21.10.2016), murió lejos del sol mañanero que alumbra con matinales rayos al “Brujo”, murió lejos de Cayrugran, lugar al que tanto amó, de sus Conchucos donde sus pasos se acrecentaron para que un dia sea el hombre que se fue.

A Vidalito se le recordará por siempre por ese amor infinito a su comunidad de Campesinos, de la que fue su presidente en dos o tres oportunidades, con él la cComunidad se hizo grande, se forjaron las primeras ganaderías y con él, la carretera llegó a la tierra en un glorioso año 1975.

La gesta que permitió la construcción de la carrtera Pallasca – Conchucos fue gracias a esa maravillosa organización comunal llamada “La República”, en la que todos los campesinos de la CCC participaron construyendo cada uno, uno o dos topos, de 10 mts de largox 4 de ancho, trecho que iba a permitir el ingreso de la maquinaria ampliando la vía.

Aún siendo niñome consta de sus abnegado trabajo, pues mi padre fue uno de sus Alcaldes Pedáneos. Fue un hombre que se fue haciendo pobre sirviendo a su comunidad, contrario a los que hoy la dirigen, quienes hasta sueldo tienen y se movilizan en camionetas.

Murió campesino, murió con su orgullo a cuestas, lejos de los hermanos a quienes abrazó, con quienes gozaron en los triunfos que lograrron, murió unos meses después que partió María, su gran amor, olvidado por la Comunidad que amó y sirvió, pensando tal vez que la ingratitud es un mal que está más cerca cuando la solidaridad se aleja.

Hay que recordarlo y hacer que su grandeza, su ejemplo de honestidad, solidaridad, desprendimiento crezcan cuando el sol de Guadumbo sale en el horizonte.

Gracias Don Vidalito Aguilar, por ser lo que fuiste, en un pueblo donde todo se olvida, cuando no se da dádivas, tu no las diste nunca. (Textos: Francisco Gil Paredes – Revista PELAGATOS)

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