Áncash, belleza extrema.

Tres a cuatros días son suficientes para enamorarse de las principales atracciones turísticas de la región.

Hermosos e imponentes nevados que se extienden a lo largo de la Cordillera Blanca y la Cordillera Negra, lagunas que cautivan a cualquier visitante con sus aguas cristalinas, deliciosos manjares con productos propios de la zona y arte en cada una de sus construcciones es lo que se observa en Áncash.

Esta región, situada en la parte central y occidental del país, alberga múltiples lugares imposibles de dejar de visitar como el Complejo Arqueológico Willkawaín, ubicado a 7 km de la ciudad de Huaraz. Dentro de un ambiente con árboles y arbustos, este centro es muestra de la cultura Wari (700 d. C. y 1100 d. C.) en lo que a entierros ceremoniales se refiere por las chullpas que se construyeron ahí. También existe un museo con piezas que explican cuáles fueron las costumbres de sus antiguos pobladores.

Llaca, Parón y Azulcocha son tres de las lagunas de Áncash imposibles de dejar de visitar. La primera está situada a 4474 m s. n. m. dentro del Parque Nacional Huascarán y en las faldas de los nevados Oxapalca y Ranrapalca. Parón destaca por ser la más extensa de la Cordillera Blanca debido a que se origina por el descongelamiento de los nevados Aguja, Caraz, Paria, Pirámide, Chacraraju, Artesonraju, Huandoy y Pisco. Al visitar el túnel trasandino más alto del mundo que une al Callejón de Huaylas con el Callejón de Conchucos, la Punta Olímpica, se observa Azulcocha con más de 25 m de profundidad.

Los platos típicos como el picante de cuy, cebiche de alpaca o la trucha frita son perfectos para aplacar el hambre tras recorrer los rincones de Áncash y maravillarse aún más con esta región.
(Textos: R. Romero / Fotos: Tiffany Ángeles)

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